El invierno se había hecho duro y pesado, difícil y amargo. Las heridas todavía no habían cicatrizado, cuando los sentimientos dejaron de hibernar bajo tu manto, a la espera de una nueva primavera que nos recordase de nuevo, que era tiempo de despertar y de dejar de soñar.

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Ese mismo tiempo que nos enseña y nos impacienta, el que desata la locura por poder verte de nuevo, el que hace que nazca y renazca una vez más el sentimiento más puro hacia una madre. Pero aquel tiempo, que nos prometía la misma gloria, tardaba más de la cuenta en llegar, pareciera que nos hubiera engañado o traicionado, que aun continuásemos soñando, pero esta vez en un mal sueño.

-¿Qué ocurre madre? Es hora de despertar y no veo alboroto en esta iglesia, las calles están completamente vacías y desiertas. No hay nadie, espero que no te hayan negado como lo hará Pedro con tu hijo; y sino es así, dime entonces chiquilla porqué te veo en esta noche tan sola, sola y cautiva en esta amarga deriva en el que unos malhechores a tu hijo le arrebatarán la vida.

Dime entonces porqué si tan solo falta una hora para salir, sigues de hebrea. Si ya fuera floreció el azahar, aun no han brotado en ti las esmeraldas toreras. Tampoco veo tu manto de color verde azotea, ni la cera que lagrimea cada primavera dejando huella de tu presencia, pues ahora tan solo noto tu esencia.

Y dime porqué no escucho aquella saeta, esa que te proclama como madre y soberana de esta tierra cofrade y mariana, ni aquellos pétalos que alivian tu condena, pues ahora tan solo siento el calor de mi túnica macarena.

Me voy madre, quizás de tanto anhelar y soñar tanto con este tiempo creo que no he despertado en buen momento, no se cual será el remedio o el ungüento para tan triste lamento.

+ Es ya madrugada de Viernes Santo, pero este año he decido que no salimos. Me quedaré rezando a Dios, y pidiendo protección.

-¿Protección a quién? No seremos nosotros, quien lo coronemos de espinas, ni lo abofetearemos, ni mucho menos crucificaremos. Tan solo queremos proclamarlo como Hombre y Salvador, y del mundo el único Redentor. Necesitamos más que nunca de él.

+ Por eso mismo, porque lo necesitáis no salimos, porque os quiero con salud a todos la próxima primavera aquí, ya bastante gente tengo aquí arriba a mi vera. Ahora vete a dormir, es tarde, ya iré a despertarte cuando amanezca un nuevo abril. No estés triste, y recuerda primero lo que ya dijo un pregonero, que a las mujeres bonitas para quitarnos la pena, se nos llama Macarena.

 

 

«Iré a despertarte cuando amanezca un nuevo abril».

Luis Gonzalo Martín Sousa.