Es Domingo de Ramos, 5 de abril de 2020, y para todos los jerezanos y cofrades esta semana sería la más grande y esperada del año.

Hoy empezarían a lucirse durante 8 días, nuestras imágenes y el trabajo que ello conlleva, por las calles empedradas, difíciles y llenas de recovecos de nuestro Jerez. En nuestros corazones quedan este año los nervios de un nuevo Domingo, de ir a coger sitio para ver a los Legionarios en la Fuente Caballos, y de ahí corriendo a la puerta de Santa Catalina, a ver a nuestro Jesús Triunfal saliendo por sus puertas y escuchar a los Catalinos tocar Bendición, que no hay quien los iguales. Y no podemos dejar atrás esa Ladera del Correo, donde se corta hasta la respiración viendo como suben los costaleros a su reina del barrio bajo.

Este Lunes Santo no esperaremos en las calles a nuestros empalaos, no abrirán la procesión sus característicos golpes a esos bombos, que anuncian que llega la hora de la penitencia, del respeto, y del silencio, para que se escuchen los sonidos de las cadenas en las calles empedradas y tampoco veremos como nos traen con misterio, al cristo de la Vera Cruz.

El Martes Santo no escucharemos los golpes a las puertas de San Miguel para que se abran, no guardaremos silencio para que Jesús Orando en el Huerto rece por todos nosotros y que su madre, Nuestra Señora del Silencio lo acompañe en cada oración, para que todos volvamos a vernos pronto.

Este año tendremos un Miércoles Santo sin un pueblo teñido de rojo, sin ver a la escolta romana pasear por la plaza, deseosos de ver procesionar a nuestro señor Ecce-Homo y ver cómo lo mecen esa cuadrilla de costaleros como si fuese el viento quien moviese ese paso, para que la Virgen de los Dolores no sufra tanto por su hijo, aunque este año esté sufriendo para que todas las personas enfermas superen este maldito virus.

El Jueves Santo veremos desde casa, al atardecer, la salida de la Santa Cena, a quien acompaña Jesús ante Pilatos, su majestuoso Cristo de la Piedad y María Santísima de la Paz, quienes abren un día, aún muy largo.

De San Bartolomé, nos vamos a los Mártires, y tampoco veremos a esas mujeres desenrollar las colas blancas de los nazarenos que acompañan al Señor Coronado de Espinas, esas que se clavan en el corazón de todos los calloncos de no poder ver su procesión, de no ver salir a su Cristo de la Flagelación ni a su Amargura. Este año no veremos a este barrio lleno de satisfacción, disfrutar del resultado de todo un año lleno de trabajo.

Miramos nuestro reloj, y no nos dará paso a una nueva Madrugá, pero tendremos con nosotros a los que se fueron, que nos seguirán guiando de por vida desde el cielo, a un Jesús lleno de Amor, junto su Esperanza, que es lo que nos hace falta en este momento. No se bajará por esa rampa de San Bartolomé, ni nos acompañará la niebla, no haremos sonar el palio al compás de Caridad del Guadalquivir en la plaza para caer las lágrimas de nuestra madre, ni nos daremos ánimos entre costaleros en la calle Ahedo.

Pero tampoco veremos el Viernes Santo a los costaleros de Nuestro Padre Jesús en la puerta de Santa María, para ver quién coge este año la pata del caballo después de tantas horas esperando, no escucharemos el pregón, ni a la buena mujer, pero tampoco se encontrará Jesús con su madre en la plaza. Nos faltará una tarde de Viernes sin ver El Descendimiento, El Santo Entierro, la Muerte Pelá y la Virgen de la Encarnación, que por la noche se convertirá en la Soledad, y velará junto con las personas que la alumbran por todos nosotros.

Y no podremos poner fin a nuestra semana de pasión, porque no veremos en la Fuente de los Santos a nuestra señora del Rosario junto con el Resucitado, no se soltarán globos ni palomas, pero si escucharemos los aplausos cuando todo esto pase, por cada persona que hace que podamos seguir adelante día a día, por esos que se juegan la vida por nosotros.

Seguiremos soñando, y dentro de 365 días volverán las palmas, los cirios, la cera pegada en nuestras calles, los sones de las bandas, las calles llenas de gente y el olor a incienso.

Esto es solo para recargar fuerzas.

Marina Julián Vázquez.