La Junta de Cofradías de Jerez de los Caballeros busca registrar sus imágenes, generando preocupación entre fotógrafos y aficionados. ¿Se limitará la fotografía en Semana Santa? Analizamos la polémica.
Qué manera más poco acertada de comenzar un Domingo de Ramos.
Sobre las 11 de la mañana de este día, la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Jerez de los Caballeros ha publicado el siguiente mensaje: «Se ha iniciado el expediente correspondiente para el registro de las imágenes y marcas de las Cofradías, con el objetivo de proteger jurídicamente su patrimonio visual e identitario». En primer lugar, nos alegra saber que un Domingo de Ramos a las once de la mañana, esté la Junta de Cofradías trabajando en este tema. Este anuncio parece un mero trámite administrativo, pero cuando se profundiza en sus implicaciones, la medida despierta más preguntas que respuestas, no solo sobre la legalidad, sino sobre la coherencia con las prácticas actuales de las propias Cofradías.
Varios aficionados a la fotografía nos han escrito preocupados y asombrados ante tal iniciativa. Si bien se entiende la necesidad de proteger el patrimonio visual de las Hermandades, muchos cuestionamos si esta medida no es un exceso de control. ¿Significa esto que se restringirá la capacidad de fotografiar o hacer vídeos de las procesiones? Si el objetivo es proteger las imágenes, ¿quién decidirá qué se puede y qué no se puede captar con una cámara o un móvil? La idea de limitar la captura de momentos que son parte esencial de la Semana Santa parece una contradicción flagrante, especialmente cuando las Cofradías dependen de esas imágenes para alimentar su propio imaginario.
Sin embargo, la crítica no se detiene ahí. Los primeros en no atenerse a los derechos de autor son las mismas Cofradías que apoyan la creación de álbumes de cromos en los que las imágenes se utilizan sin el consentimiento de sus autores, y lo que es aún más revelador, reciben un porcentaje de los beneficios obtenidos (10%). El doble rasero es evidente: por un lado, buscan proteger su patrimonio visual, pero por otro, explotan imágenes sin remunerar a los fotógrafos que las capturan. La protección legal de su imagen se presenta, por tanto, como un movimiento estratégico más que como una verdadera defensa de la propiedad intelectual.
Es más, las Cofradías han sido las primeras en demandar fotos a los aficionados para realizar balconeras, carteles, estampas, tazas y otros productos visuales, de los que, de nuevo, obtienen ingresos de algunos sin reflejar la autoría en ningún momento. Las imágenes se utilizan en el comercio y la promoción de las Hermandades, pero los creadores no ven ni un reconocimiento ni un beneficio directo. ¿Acaso las Cofradías están solicitando al pueblo que las apoye, pero a cambio no respetan los derechos de quienes están contribuyendo con su talento? La inconsistencia entre lo que piden y lo que practican es alarmante.
Pero hay una contradicción más profunda: si las Cofradías realmente buscan restringir la creación y distribución de imágenes de sus procesiones, la pregunta es ¿cómo se justificará entonces el concurso de fotografía que organiza la Junta de Cofradías cada año? Este concurso, que premia la mejor instantánea de la Semana Santa de Jerez de los Caballeros, depende completamente de la libre creación y distribución de imágenes. Limitar el uso de las mismas pone en peligro la celebración de estos eventos, y refleja la incoherencia de querer proteger algo que, por definición, se construye a partir del libre acceso y la difusión de la imagen pública.
Y si seguimos por esta senda restrictiva, es fácil imaginar que los próximos carteles oficiales de la Semana Santa sean todos pinturas. Porque, si las fotos están en juego y el acceso a ellas se ve restringido, lo único que quedará será el arte clásico. La fotografía, como expresión libre y contemporánea, sería eliminada en favor de una visión más estática y controlada de lo que es, ante todo, una fiesta popular y visual.
Además, si se llegaran a imponer sanciones económicas por el uso no autorizado de imágenes, estas no beneficiarían a las Cofradías, sino que irían directamente a la Iglesia, ya que la propiedad de muchas de las imágenes sagradas corresponde a la institución eclesiástica. Esto podría dejar a las Cofradías en una posición vulnerable, al no ser las propietarias legales de las imágenes que buscan proteger. En caso de una disputa, las Cofradías quedarían al margen de cualquier control efectivo sobre su patrimonio visual, lo que abriría un terreno legal más conflictivo. Así, la intención de proteger la propiedad de las imágenes podría convertirse en una batalla jurídica en la que el posible dinero recaudado de las sanciones iría a parar a la Iglesia, mientras que las Cofradías perderían el control sobre las imágenes que, en teoría, intentan salvaguardar.
En resumen, el intento de proteger el patrimonio visual de las Cofradías no puede llevarse a cabo sin una reflexión más profunda sobre las prácticas actuales de estas instituciones. Si se quiere que la protección sea real, debe empezar por un compromiso claro con los derechos de autor, la remuneración justa a los fotógrafos y la preservación de la libertad de expresión visual. De lo contrario, este intento de «defender» lo que es propio podría convertirse en una peligrosa privatización de la fe y la cultura, donde lo único que quede es un patrimonio de puertas cerradas y márgenes cada vez más estrechos.



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