El pasado Sábado de Pasión se subía el olivo al paso de la Oración en el Huerto, para su próximo Martes Santo.
Parecía fácil, ¿no? Solo había que llevar un olivo hasta la iglesia de San Miguel. Pero no es tan simple. Hace falta coordinación, cuidado, esfuerzo… y hace falta mucha gente. Muchas manos con compromiso y cariño. Porque ese olivo será testigo de la oración en el huerto, del silencio del Señor, del mensaje del ángel.
Colocarlo junto a ellos no es ponerlo sin más. Es prepararlo con respeto. Y eso lo sabe bien cada persona que ha participado, desde quien lo busca hasta quien lo empuja, desde quien da una idea hasta quien lo porta la noche del Martes Santo.
Este momento, que a veces pasa desapercibido, refleja lo que cuesta poner una procesión en la calle. Es el esfuerzo invisible. El trabajo silencioso de los Hermanos de la Antigua y Pontificia Cofradía de Nuestra Señora del Rosario y Jesús Orando en el Huerto. Y también la entrega de un pueblo entero, el de Jerez de los Caballeros, que no entiende la Semana Santa sin implicarse de verdad, con toda su fuerza y el corazón
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