Artículo de opinión. Curro Gómez Martín.

Desde bien chico, y cuando llegaba la semana santa, salíamos a la calle con nuestras escobas y nuestra caja o cuna, y hacíamos un paso. Nos poníamos de costaleros y éramos eso, un grupo de amigos. Ahí no entendíamos si era fe o era tradición, lo que sí era, que nos fijábamos en nuestros abuelos y padres.

Con el tiempo, y como lo “mamé” en casa, fui costalero. Era de esperar. Aprendí que el trabajo debajo de los pasos es humilde, anónimo, y sin alardes, sin embargo, no sé por qué cada vez gusta más el querer ser protagonista debajo o fuera de un paso, cuando en realidad, una cuadrilla se compone de un equipo de personas que trabajan unidas por un mismo fin, y que uno solo por su cuenta nunca podrá levantarlo o llevarlo. Por eso, en mi humilde experiencia que atesoro por haber salido de costalero de una gran cuadrilla llegué a conocer grandes costaleros y grandes personas. Aprendí que lo más importante de las cuadrillas es hacer un grupo de amigos, sin envidias ni comparaciones de unos con otros, porque todos tienen que empujar para arriba y andar “palante” a la vez. Hacer trabajo en equipo, sin buscar protagonismos, porque los únicos protagonistas de esta historia son Jesús y María… Lo digo: los únicos.

Existe una continua crítica por parte de muchas personas, tanto de la iglesia, como de las Hermandades, las cuales consideran que los costaleros simplemente somos “aficionados” o “burros de carga”. Estos decían hace poco que los costaleros van donde ellos digan. Qué equivocados estáis. Yo quisiera romper con esas ideas sobre el mundo que envuelve a los que cada año nos sumergimos en la oscuridad del faldón. Está claro que lo ideal, sobre todo para las hermandades y la iglesia, es que el costalero, sea un verdadero Hermano, que colabora con la Junta de Gobierno, que asiste a los cultos, que sea asiduo a la Casa de Hermandad y le profese una gran devoción a la imagen o imágenes de la Cofradía. Este sería el perfecto hermano costalero. Sin embargo, existe otro tipo de costalero que es el caso más común, aquel que sale en un paso, paga su cuota y no aparece por la Hermandad para nada o en muy pocas ocasiones, a este costalero en muchos casos se le ha denominado saca-pasos. “Sin palabras”. Vaya palabra. Yo me consideraba una mezcla de esos dos tipos de costaleros. Por un lado, participé activamente en mi hermandad. Ayudé y trabajé, en la medida de mis posibilidades, para mi hermandad. Pero también tuve un tiempo que solo me dedique a pagar mi cuota de hermano, asistir a los ensayos, y sacar a la cofradía. Si a sacar la cofradía porque sin costaleros no se puede. Fui costalero de tradición. Este tipo de costaleros saca-pasos o costaleros sin fe, costaleros que no aparecen hasta el año son muy criticados pero ¿Cuántos pasos dejarían de salir sino es por este tipo de costaleros? Muchos. Seguro.

Para mí el costalero de hermandad, que en unos casos paga la cuota cuando le obligan y en otros sino le obligan no la paga, es válido, siempre. El costalero que tiene tradición familiar en la sangre y en su ADN, sea Hermano o no, asista a los cultos o no, colabore con la hermandad o no, le gusta lo que hace. Por eso se prepara su ropa a conciencia, está atento al capataz, está siempre aprendiendo, se concentra en el trabajo y es obediente, porque tiene claro su papel dentro de la cuadrilla. Y esto me parece mucho más honrado que un miembro de Junta de Gobierno que utilice esto para influir en las decisiones sobre el paso y los compañeros. Yo conozco y trato con costaleros y sobre todo amigos que es lo que son. Que además de ser aficionados están muy vinculados a la Hermandad (yo estuve entre ellos), y también los conozco que se hacen hermanos para poder sacar un paso o una imagen, y que supuestamente son menos devotos de las imágenes que portan. ¿Quién puede medir el nivel de amor y fe hacia una imagen? No olvidemos que Jesucristo es Jesucristo, sea de Juan de Mesa o de Castillo Lastrucci o de Ortega León.

Existen estos dos tipos de costaleros, y siempre será así, así que, en vez de enfrentar a ambos, mejor unir a los dos por una misma causa debajo de las trabajaderas. Además, la fe y la devoción no hace a un costalero mejor o peor. Porque una supuesta mayor devoción, no le da más fuerza y más técnica al que no la tiene, ni una supuesta menor devoción le resta fuerza y técnica al que la tiene. Y creo y podría asegurar que con la convivencia de estas dos formas de sentir el llevar un paso, tanto los capataces, como las cuadrillas, como las Hermandades saldrían ganando. Pero quizás quieran más fe y menos tradición que es lo que tiene Jerez: tradición.

Todos los que habéis sido o sois costaleros/as lo sabéis de sobra. Existen situaciones duras, muy duras, debajo de los pasos, en esos momentos en que las calles se inclinan donde las piedras se clavan en la planta de los pies, en los que el palo tira “pabajo”, las rodillas se te doblan y vas de kilos hasta “las orejas” nunca he oído a alguien preguntarle al compañero que va hombro con hombro contigo o al de detrás… “Oye perdona. ¿Tú le tienes mucha devoción a la imagen que llevamos?” Lo único que le pedíamos seguramente él y yo al de arriba, era que por favor nos diera fuerza para, por lo menos, poder ponernos rectos y que tu compañero se agarrara a la cintura y tú a la suya para estirarnos y subirlo más arriba y unidos en uno que su peso no fuera tanto eso lo viví yo durante 18 años algo que solo lo saben los que van debajo de la oscuridad de un faldón. Esa es la unión de dos clases de costaleros no le llamemos saca pasos sino costaleros de tradición.

La tradición y la fe no tienen que estar reñidas. Al contrario. Sin las dos partes no saldrían los pasos de Semana Santa.

Curro Gómez Martín.

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