Desde el anhelo de lo que pudo ser y no fue, desde los más profundo de mi corazón os dirijo estas palabras.

Hoy debía de ser mi día, ese que está marcado en el calendario año tras año. Sin duda día especial.

Salgo de casa el jueves por la mañana temprano para no volver a descansar hasta que pasa Jesús por la plaza.

Antes de salir de casa dejo sobre mi cama, faja, camiseta, pantalones y zapatillas (hasta el pasado año), ahora en una nueva vivencia coloco sobre la misma cama el traje, mi corbata verde esperanza y mi medalla.

Pero de repente todo quedo atrapado en el recuerdo, congelado en el tiempo. Hoy no será ese día. Hoy no volveré a procesionar con mis compañeros de la OJE poniéndole música a Jerez, no me pondré el traje, no podré cruzar unas palabras con nuestro querido Flore antes de salir por la puerta de San Bartolomé y no podré llamar hasta hace poco tiempo a quienes eran mis compañeros, ahora mis costaleros, ellos, que son los pies de la Esperanza, esa que en estos momentos tan difíciles necesitamos para salir de este bache.

Por desgracia, nos toca vivir una Semana Santa diferente, desde la reflexión, desde el silencio, desde la oración, desde el recuerdo, desde la FE.

Ahora más que nunca debemos tener FE, FE de que todo esto pasará y llegará una nueva primavera, para volver a pasear por tus calles, con el olor del incienso y de los naranjos en flor, con la sonrisa y la ilusión de todos aquellos que salen por primera vez en su procesión, con las promesas a cuesta para hacer nuestra estación de penitencia, y con el recuerdo de los que ya no están pero que se hacen más presentes ese día tan especial.

Que el Amor de su hijo y la Esperanza de su madre os llenen de salud para volver el próximo año más fuertes.

La cuenta atrás ya ha comenzado…

 

«La primavera que vendrá»

José Luis Pastelero Sánchez