“Llegará un nuevo Miércoles Santo donde el sol haga brillar un nuevo Jerez, donde pasando el día se impregnará de Rojo el atardecer, donde al caer la noche TODO, COLOR ROJO ES”.

“Aquí llegas de nuevo, ya te haces presente viejo amigo. A ti que desde bien chiquito me acogiste de la mano de mis titos. A ti que siempre te espero llegar para poder vivirte un año más…¡¡ESTE AÑO TE EXTRAÑO!!

Cuando llegas apenas son las 10 de la mañana y me tienes preparado, impaciente, nervioso. El tiempo apremia, pues como dice el refrán no hay tiempo que perder y Rafita empieza a llamar, puntual donde los haya eso sí.

Pero hoy todo es diferente, muy diferente…

Llegaríamos a la plaza, tomaríamos café y empezaríamos a trabajar, bueno mejor dicho rematar, pues lo que se dice trabajar no paramos en todo el año.

Pero este año todo es diferente, muy diferente.

Nos esperarían los compañeros, hay que ir preparando la rampa para cuando corten la calle empezar a montarla. Mientras van llegando, terminamos las últimas ánforas de la Virgen y le damos los últimos retoques a nuestros pasos. Casi todo listo, pues nunca se termina del todo…

Los de orden tenemos reunión a las 13h, “que no se os olvide”, nos diría Miguel Ángel, que no deja de preparar más cirios para el desfile procesional. Él es más tranquilo, dicen que la procesión se suele llevar por dentro, y siempre intenta tranquilizar los nervios de algunos. Iría pasando el día, llegaría nuestra reunión de Orden y actualizaríamos el desfile procesional, siempre hay cambios a última hora. Montaríamos la rampa casi llegando el medio día, para poder después celebrarlo, como no, cerveza en mano.

Pero no será así, esta vez, vuelvo a sentirte raro…diferente.

Este año no habrá llamada para café, no habrá quedada de “zagaletes”, como nos gusta llamarnos al grupo de amigos que dentro de la cofradía nos movemos a una. Ya sea para montaje de pasos, limpieza de ornamentación, junto a las camareras, ya sea para montarle la candelería a nuestra Dolorosa, o ya sea para hacer hermandad y convivencia, siempre vamos juntos. No habrá reunión de Orden ni tampoco se montará la rampa.

Este año no, todo será diferente.

Siempre me pueden las ganas de quedarme con ellos, con mis “zagaletes”, pero tengo que dejarles, pues para mi es día laboral y debo trabajar. Los jefes se portan bien este día, solo trabajo medio día por aquello de descansar un poco y ¡menudo medio día! Pues desde hace años, siempre este día sirvo una comida bastante especial, diría yo que única e irrepetible, porque personalmente es una enorme ilusión poder servirles a ellos, a los primos de la familia Giles, que ya viene siendo tradición comer todos juntos cada Miércoles Santo. Llegaré a casa después a descansar, una buena “siestita” sienta fenomenal.

Pero algo pasa en casa… No veo túnicas planchadas y colgadas de sus perchas en el salón, suele haber tres, la de Rafita, la de mi hermano mayor y la de un servidor. Nuestro salón este año está vacío, vacío de túnicas, pero… lleno de recuerdos y sentimientos. Hace pensar que todo será este año diferente.

Otro año llegaría Rafita a casa, llegarían primos a ver a sus titos antes de la procesión. Empezaría a llenarse la casa de amigos, familiares y vecinos movidos todos por un color, un color que como digo en mis adentros, es un Rojo Ecce Homo.

Pero no subiremos  a la plaza momentos antes de nuestra estación penitencia, ni los sones de trompeta nos inundarán. Aquí estamos, a penas las 19h de la tarde y sin túnicas, sin primos, sin Rafa, sin que la casa se vista de tan querido Rojo, pero si llena de recuerdos, de sentimientos, de nervios y vivencias pasadas, pues este año…este Miércoles Santo, TODO es diferente, muy diferente.

Francisco Javier García Giles.