Otro año, de nuevo, estamos en Semana Santa.

Una fecha bien señalada en el calendario, desde bien pequeña. Siempre he sido fiel a mis desfiles procesionales de la cofradía del Santísimo. Quizás todo empezó por un horario que invita a la salida desde edades más tempranas, quizás, simplemente, se tratase de herencia de hábitos de mi familia paterna o quizás por mi vocación a un Cristo y a una Virgen que me enseñó mi madre cuando apenas sabía andar. No tengo claro el motivo por el que empezó todo, pero tengo claro que he acabado unida y comprometida con esta; mi cofradía.

Una Semana Santa muy especial Maria Fernanda Giles Perez Jueves Santo 2020Cada año, al acercarse esta fecha, en la que todos empezamos a oler la Semana Santa, no dudo lo más mínimo en recordar a mi madre: “mamá no te olvides de prepararme la túnica”. Este año, aunque el panorama no invitase a ello desde hace semanas, me consta que la tiene planchada y colgada en un pequeño altar que ha montado en casa. Estas son esas cosas que, aunque no me sorprendan, consiguen erizar mi piel, por todo lo que ello significa.

Aunque no siempre ha sido sencillo, año tras año, trataba de organizar mis planes para hacer coincidir esos días libres con el Jueves Santo. Pese a que algunos años me ha tocado llegar con la hora justa para colocarme la túnica y subir corriendo a San Bartolomé. Siempre, por supuesto, habiendo avisado a mi madre para que Santos reservase mi sitio. Ese lugar que, aunque lo ocupo unas pocas horas al año, hace que me sienta como en casa.

Este año me siento extraña, porque parece que no hay Semana Santa si no me coloco mi túnica celeste, me uno a mis hermanos cofrades y acompaño a nuestras imágenes en la realización del desfile procesional. Solamente un año que, viviendo fuera de España, me fue imposible procesionar. Pese a ello, no dudé en encomendar a mi madre dicho cometido, para que ocupara mi puesto, y, de esta forma, hacer que una parte mí acompañase a la Santa Cena.

Bien es cierto que no siempre ha sido motivo de alegría estas fechas. Hace unos años, en Semana Santa, recibí noticias desagradables, de esas que, para lo bueno y lo malo, te marcan para siempre. Como esa instantánea que se almacena en la mente como si de un álbum se tratase. Aun así, auné fuerza y valor para acompañar al Cristo de la Piedad y aprovechar para, esta vez, pedirle yo que nos diera toda la fuerza que necesitábamos para superar lo que nos había tocado vivir en esos momentos. Gracias a Dios, me escuchó y me ayudó, permitiendo que todo fuese bien.

Sin duda, este año va a ser diferente. Son otros motivos los que me impiden acompañarle. El confinamiento, la distancia que ello impone. En definitiva, un virus que ha transformado nuestras vidas y hábitos, cambiando nuestros días y pausando, sin excepción, toda nuestra ilusión.

Lo que no me cabe la menor duda es que cuando llegue el jueves, a las 19:30, se despertarán esos nervios que acarician mi tripa, aunque solamente sea por recordar en la distancia, cada uno de los pasos que recorrería dentro del templo, esperando que se abriesen las puertas para salir y, entre nazarenos, capataces, costaleros y demás hermanos, salir a la calle a enseñar la Pasión de Jesús a todo Jerez de los Caballeros.

Desde Salamanca, una jerezana deseando que el próximo año podamos volver a unirnos en esta bonita penitencia y que todos podamos volver a vivirlo juntos. Seguro que con más ganas, ilusión y emoción que nunca, acompañaremos orgullosos por las calles de mi pueblo a la Cena, Pilatos, el Cristo de la Piedad y la Virgen de la Paz.

Nos vemos el próximo año.

Una Semana Santa muy especial Maria Fernanda Giles Perez

 

«Una Semana Santa muy especial»

Mª Fernanda Giles Pérez